06 Nov ECO: Domingo 8 de noviembre
San Mateo 25, 1-13
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El reino de los cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas.
Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
El esposo, tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: “¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!” Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: “Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas.”
Pero las sensatas contestaron: “Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis.”
Mientras iban a comprarlo llegó el esposo y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: “Señor, señor, ábrenos.”
Pero él respondió:
“Os lo aseguro: no os conozco.” Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.
Reflexión
“ESPERAR CONTRA TODA ESPERANZA”
Al leer este texto, me brota una pregunta: ¿Por qué tarda tanto y encima llega de noche?
Hay que reconocer que las cosas de Dios necesitan tiempo y no se improvisan, estamos en un tiempo donde muchísimas cosas se solucionan con la inmediatez de un clic; sin embargo, las cosas de Dios conllevan tiempo. Conlleva tiempo mantener encendida la lámpara de la esperanza. Esperar en Dios no es una actitud pasiva, hemos de mantenernos despiertos. Puede ser que la fiesta del banquete sea en el tiempo que menos esperamos, el valor no está en intentar adivinar cuando sucederá, sino en estar listos y preparados en todo momento.
¿Tienes a punto tu lámpara?
Karla Quiñonez
