ECO: domingo 22 de junio de 2025

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ECO: domingo 22 de junio de 2025

Evangelio de Lucas 9, 11b-17:

Les hablaba acerca del Reino de Dios, y curaba a los que tenían necesidad de ser curados. 

Pero el día había comenzado a declinar, y acercándose los Doce, le dijeron: «Despide a la gente para que vayan a los pueblos y aldeas del contorno y busquen alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar deshabitado.» 

Él les dijo: «Dadles vosotros de comer.» Pero ellos respondieron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente.» 

Pues había como 5.000 hombres. Él dijo a sus discípulos: «Haced que se acomoden por grupos de unos cincuenta.» 

Lo hicieron así, e hicieron acomodarse a todos. 

Tomó entonces los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición y los partió, y los iba dando a los discípulos para que los fueran sirviendo a la gente. 

Comieron todos hasta saciarse. Se recogieron los trozos que les habían sobrado: doce canastos.

 

Comentario:

“Os llevaré al desierto y hablaré al corazón” (Oseas 2,14) 

Jesús se encuentra en un lugar solitario con un grupo numeroso de personas que le siguen y quieren escuchar su voz. Lucas subraya que era un lugar deshabitado como para recordar la simbología del desierto y el peregrinar del pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto hacia la libertad. Un peregrinar que se ha vuelto simbólico, recordado tantas veces con nostalgia. Por ejemplo, para renovar la amistad entre Dios y el pueblo los profetas decían que Dios volvería a enviar a su gente al desierto para hablarles de nuevo al corazón, sin distracciones, sin otras seguridades que la presencia de Dios. No puede haber escucha sin espacio de silencio y soledad 

Lucas no nos cuenta de qué habló Jesús ni tampoco nos cuenta los milagros o curaciones que ha hecho. Nos deja con la curiosidad y con la sed de la palabra. 

Sin embargo, se detiene en una experiencia vital humana que es el hambre. No permite a los discípulos despedir a la gente, no busca espiritualismos sino responsabiliza a los mismos discípulos. Pocas veces Jesús usa el imperativo y sin embargo aquí no duda: ¡vosotros dadles de comer! En el milagro del compartir y multiplicar se esconde el secreto de la abundancia pues hasta de las sobras (doce canastas) podrán alimentarse otros…. 

No hay oyente de la Palabra sin solidaridad. El lugar solitario permite dejarnos interpelar. ¿No sería ésta la palabra “del gesto” de Jesús que él quiso hacer llegar a sus discípulos?

¿Cómo vivimos el hecho que millones de personas sufren hambre en un mundo que produce alimentos suficientes? ¿Cómo actuamos frente al desperdicio en unos lugares y a la escasez absoluta en otros? ¿Cómo confesar la fe y despertar nuestras conciencias de cómplices del hambre, haciéndonos responsables de vivir como vivimos?» 

Jolanta Kafka
Misionera Claretiana