17 Jul ECO: domingo 19 de julio de 2026
Evangelio de Mateo 13, 24-43:
En aquel tiempo, Jesús propuso esta parábola a la gente:
El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo:
“Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”.
Él les dijo: “un enemigo lo ha hecho.”
los criados le preguntaron:
“¿Quieres que vayamos a arrancarla?”
Pero él les respondió:
“No, que podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega, y cuando llegue la siega diré a los segadores:
arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.”
Les propuso esta otra parábola:
-El Reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.
les dijo otra parábola:
-El Reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina y basta para que todo fermente.
Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada.
Así se cumplió el oráculo del profeta: “Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.” Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: -acláranos la parábola de la cizaña en el campo.
Él les contestó:
-El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del Reino; la cizaña son los partidarios del maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo y los segadores los ángeles.
Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su Reino a todos los corruptores y malvados y los arrojaran al horno encendido; ahí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos que oiga.
Comentario:
“El Misterio de la Paciencia de Dios”
Algunas veces reconocemos ante el Señor, que nos gana la impaciencia. Al mirar el mundo, la sociedad, o incluso nuestra propia vida comunitaria y personal, nos dan ganas de actuar como los criados de la parábola: queremos arrancar de raíz y de inmediato todo lo que nos parece malo, imperfecto o doloroso.
Sin embargo, hoy el texto evangélico nos revela la pedagogía de Dios: su paciencia. Él que es el dueño del campo sabe esperar el tiempo de la cosecha. No se apresura a juzgar ni a destruir, porque su misericordia es más grande que nuestra lógica. Nos enseña que el bien y el mal crecen juntos, y que su amor protege al trigo por encima de todo. Nos invita a no desgastar nuestras energías juzgando la cizaña ajena, si no a concentrarnos en nutrir el buen trigo que ha sembrado en nosotros. Como la semilla de mostaza o la levadura, lo que es pequeño y callado tiene poder de transformar el mundo.
¿Confío en los tiempos y en la sabiduría de Dios, cuando el mal o la imperfección parecen ganar terreno a mi alrededor?
María Eusebia Ávila B.
Misionera Claretiana
