12 Mar María Teresita Albarracín, recordada por su sonrisa
SUFRIRÉ EN SILENCIO Y SONRIENDO
María del Carmen Albarracín, nació en el Puerto de Mazarrón el 1 de mayo de 1927, era segundo domingo de Pascua, fue acogida por sus padres y sus hermanos con mucha alegría. Podemos decir que ella fue un reflejo de la alegría de la Pascua que regala Jesús Resucitado.
Desde niña se le recuerda como una niña alegre. A los seis años en 1933 fue admitida en la Escuela Nacional de Isla Plana, dirigida por doña Dolores Moreno, quien la recordaba como una niña normal, que tenía una gran bondad y alegría.
Según el testimonio de su propia madre, María del Carmen sintió el primer llamamiento a la vida religiosa a raíz de la muerte de su padre cuando contaba solo solo con 14 años. Entró a la congregación de las Religiosas de María Inmaculada Misioneras Claretianas el 26 de septiembre de 1942, a la maestra de novicias le llamó la atención su modestia y sobre todo su sonrisa.
Su nombre al entrar en la Congregación fue Teresita. Sus hermanas de vida religiosa la recuerdan con su sonrisa permanente que irradiaba bondad, las connovicias que compartieron con ella la formación destacan que cuando se le pedía un favor respondía siempre con una sonrisa angelical y algunos laicos que la conocieron manifiestan que una de sus características era su sonrisa constante.
Una hermana que convivió con Teresita durante el tiempo de noviciado hasta el período después de su Profesión Religiosa escribió de ella: Madre Teresita daba la sensación de ser un ángel de paz entre las hermanas. Siempre sonriente, con una serenidad reflejo de las almas buenas.
Teresita, siendo todavía novicia comenzó a padecer los síntomas de la tuberculosis intestinal, enfermedad que la acompañó hasta su muerte. En 1945 hizo los ejercicios espirituales y durante los mismos escribió: “… no me quejaré de mis enfermedades, a no ser que me encuentre bastante mal; las pequeñas dolencias que experimento las sufriré por amor de Cristo Crucificado en silencio y sonriendo…
Teresita Albarracín murió el 12 de marzo de 1946. Su corta vida nos deja el testimonio de la alegría que sintió al entregarse de manera total a Dios.
