Domingo de Ramos: un camino de contradicción

Domingo de Ramos Semana Santa Claretianas

Domingo de Ramos: un camino de contradicción

Hemos recorrido el camino cuaresmal durante 5 semanas, reflexionando-contemplando los sentimientos de Jesús: libertad, confianza, conversión, perdón, autenticidad (cf.Fil.2,6). Y, después de este caminar, hoy empezamos la Semana Santa.

Sigamos contemplando a Jesús sin dejar de pasar por alto que para hacer fácil el camino a los demás, Él experimentó en su vida momentos difíciles. Porque la vida humana está entrelazada de contradicciones: seguimiento-abandono, despedida-quedarse para siempre, muerte-vida, fidelidad-traición, fácil-difícil… seamos testigos de estas incoherencias que se complementan.

Vivamos esta Semana Santa no como una sucesión de acontecimientos que se van celebrando, como si fuese un drama por partes, sino que nos introduzcamos a fondo en el “gran paso”: LA PASCUA, vida, muerte y resurrección de Jesús.

 

DOMINGO DE RAMOS

El Domingo de Ramos recordamos la entrada de Jesús en Jerusalén. Él entra como un rey pacífico… no en carruajes, ni con armas y caballería, sino en un pollino de borrica que ninguna persona había montado, porque nadie antes de Jesús había entrado como Mesías en la ciudad santa.

La gente que lo seguía, que lo había escuchado predicar, o había sido curada, colocaban en el camino sus mantos, lo aclamaban agitando palmas: “Bendito el que viene en nombre del Señor”. Pero esta misma gente que lo aclama en este domingo lo acusa y pide que sea crucificado el viernes santo.

Detengámonos un momento y preguntemos a Jerusalén:

  • ¿De qué valen los “Hosanna” si te volvemos la espalda?
  • ¿Para qué tanto alboroto, si mañana callaremos o gritaremos el nombre del “Barrabás” de turno?
  • ¿A dónde van las promesas que se lleva el viento?
  • ¿A quién sirve el pan que se esconde y no se reparte?
  • Y los aplausos de hoy, ¿en qué se convertirán, si caes en la desgracia?
  • ¿Quién nos enseñará a amar, si encerramos el corazón en una jaula de piedra?

Tú, Señor, nos traerás todas las respuestas en el pan partido, en el amor crucificado, en el sepulcro vacío.

Es tiempo de contemplar, y escuchar tu Palabra.

(Preguntas en Jerusalén / José María Rodríguez Olaizola)