ECO: domingo 31 de mayo

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ECO: domingo 31 de mayo

Juan 3, 16-18 

«Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga la vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él. El que cree en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios». 

 

Amorosa Trinidad 

Jesús en el evangelio de hoy nos acerca a nueva compresión y experiencia de quién es Dios. Él nos dice que lo de Dios es amar, entregarse, salvar y dar vida eterna. Esta es la dinámica Trinitaria, que se realiza continuamente en favor de la humanidad, el cosmos, la creación entera. Cómo diría el franciscano Richard Rohr, “la Vida Trinitaria es un flujo imparable.” 

Existe una imagen hermosa para referirse a la Trinidad desarrollada por los padres capadocios en el siglo IV, quienes la representaron como la danza misma. Para ellos, la Trinidad danza en círculo en un movimiento amoroso. Richard Rohr retoma esta imagen en una de sus obras y sugiere que la Trinidad no baila sola, sino que nos invita personal y comunitariamente a ser parte de ese baile divino. Me encanta esta imagen, porque me imagino a la Trinidad en ese baile amoroso diciéndome, diciéndonos: ¿Bailamos? Uniendo esto con el Evangelio, podemos reconocer la necesidad de contemplar el misterio de un Dios que ama en comunión. Sin embargo, no basta con admirar la “danza” de la Trinidad desde fuera; también estamos invitados a entrar en ella, a vivir al ritmo trinitario: un ritmo de amor, entrega, justicia, reconciliación y paz. 

Tanta ama Dios al mundo que nos invita a ti y a mí a ser parte de su vida divina. A nosotros sólo nos toca creer, es decir, bailar al ritmo de Trinidad Santa que solo sabe amar y entregarse sin medida hasta la eternidad.  

 

Lizeth Manrique, rmi