07 Mar ECO: domingo 9 de marzo de 2025
Evangelio de Lucas 4,1-13:
En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo.
Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre.
Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan.» Jesús le contestó: «Está escrito: «No sólo de pan vive el hombre»».
Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: «Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo.»
Jesús le contestó: «Está escrito: «Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo darás culto»». Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de ti», y también: «Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras»».
Jesús le contestó: «Está mandado: «No tentarás al Señor, tu Dios»».
Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.
Comentario:
«Sí se puede»
En el Evangelio de hoy, Lucas nos manifiesta las tres posibles tentaciones que se nos pueden presentar también a nosotros: el hambre-pan, la adoración y el poder (posesión).
Cada día estoy más convencida de que la misión de Jesús fue venir a mostrarnos que sí se puede.
Podríamos pensar que Jesús pudo vencer las tentaciones porque era el Hijo de Dios, pero creo que pudo vencerlas porque como dice el texto de hoy, Jesús estaba lleno del Espíritu Santo.
Cuando estamos llenos, ¿podemos ser tentados? Cuando estamos saciados no hay tentación que nos pueda vencer. Jesús había sido bautizado por Juan en el Jordán… estaba lleno del Espíritu y creyó en Él, siente que lo habita y le da su fuerza.
¿Y nosotros? ¿Vemos, sentimos, creemos en el Espíritu Santo? Nos llamamos cristianos porque estamos bautizados, confirmados, celebramos la misa dominical o diariamente… y aún con todo ello no terminamos de ver, sentir y creer en el Espíritu.
Cuando sintamos que el Espíritu actúa en nosotros podremos experimentar cómo Jesús; que sí se puede vencer las tentaciones que se nos presentan a lo largo de nuestra vida, algunas veces escondidas en nuestro quehacer cotidiano.
Pidamos al Señor la gracia de sentir que su Espíritu nos habita y de responder con generosidad cuando nos pida algo.
Josiane de Freitas Santos
