06 Feb ECO: domingo 8 de febrero de 2026
Evangelio de Mateo 5,13-16:
Ustedes son la sal de la tierra; pero si la sal se ha vuelto insípida, ¿con qué se hará salada otra vez? Ya no sirve para nada, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres.
Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; ni se enciende una lámpara y se pone debajo de una vasija, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa.
Así brille la luz de ustedes delante de los hombres, para que vean sus buenas acciones y glorifiquen a su Padre que está en los cielos.
Asimismo, no piensen que he venido para poner fin a la Ley o a los Profetas; no he venido para poner fin, sino para cumplir.
Comentario:
TESTIMONIO DE LUZ Y SABOR EN EL MUNDO
En el evangelio de este domingo Jesús habla directamente a sus discípulos y les enseña con imágenes para una comprensión más profunda y vivencial.
La primera imagen que se presenta es la de la sal, elemento esencial para dar sabor en su justa medida. Para cumplir su propósito, debe disolverse por completo y penetrar en todo; de lo contrario, pierde su sentido y no sirve.
La otra imagen es la luz, que no puede ocultarse, pues siempre brillará y dejará salir su resplandor. Su misión principal es iluminar, y por eso se coloca en lo alto, para que su claridad alcance más lejos y pueda ser vista desde distintos ángulos. Pero si se esconde, su luz se apaga.
Así, con palabras llenas de fe y convicción nacidas de la confianza puesta en los discípulos, Jesús les dice: “Ustedes deben brillar delante de los hombres”: Jesús conoce a los discípulos que Él llamó por eso les habla con claridad para que sus temores e inseguridades desaparezcan y confíen.
Dios nos conoce profundamente a cada uno de nosotros, pues somos su imagen y su creación. Nos envía a ser sal y luz en el mundo tal como somos, con nuestra historia, virtudes y defectos, luces y sombras. En ese conocimiento pleno, nos ama y nos envía para que vivamos en bondad, hagamos el bien y construyamos la paz. Así, la luz de nuestra vida puede brillar e iluminar, dar sabor y convertirse en testimonio vivo del Reino de Dios en medio de la humanidad.
¿Te sientes llamado a ser sal y luz en dónde estás? ¿Buscas hacer el bien con tus palabras y acciones?
Mabel Ardiles
