03 Sep ECO: domingo 6 de septiembre de 2026
Evangelio de Mateo 18,15-20:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.
Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.
Os aseguro, además, que, si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.»
Comentario:
Amarnos unos a otros
Todos los humanos tenemos limitaciones, defectos y cometemos errores. Al aceptar con humildad las críticas sinceras y ayudarnos mutuamente a corregir nuestros errores, nos perfeccionaremos en nuestro ser de cristianos y en nuestras relaciones cotidianas.
El Evangelio de hoy nos invita a vivir en verdadera fraternidad. San Pablo afirmó: «Soy por la gracia de Dios» (1 Corintios 15:10). Al reconocer que todo es un don de Dios, nos damos cuenta de que también nosotros tenemos debilidades y necesitamos su misericordia. En la vida, muchas relaciones se rompen por el silencio, la incomprensión o la calumnia. Jesús comprende la debilidad humana, por eso nos enseña a corregir los errores de los demás con sensibilidad y amor. Corregir los errores no se trata de demostrar que uno tiene razón, sino de amarnos unos a otros, de desear lo mejor para los demás y de avanzar juntos en el camino del seguimiento de Jesús.
Cuando ofrecemos críticas constructivas con espíritu de caridad y nos aceptamos con humildad, contribuimos a construir la unidad y el amor en nuestras familias, comunidades y en la Iglesia, según la voluntad de Dios. ¿Cómo te acercas tú a los demás para corregir sus errores?
El Evangelio de hoy también nos recuerda que la fuerza del cristiano no reside en la capacidad individual, sino en la unidad en Cristo. Al orar juntos, apoyarnos y amarnos unos a otros, hacemos que la presencia de Dios brille en el mundo. Cada cristiano está llamado a ser un instrumento de paz, un constructor de reconciliación, un puente de amor y un testigo de la presencia viva de Cristo en su vida diaria. ¿Cuál es tu experiencia de orar junto a otros?
Le Thi Ngoc, RMI.
