28 Mar ECO: domingo 30 de marzo de 2025
Evangelio de Lucas 15, 1 – 3. 11 – 32:
En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo:
«Ese acoge a los pecadores y come con ellos».
Jesús les dijo esta parábola:
«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre:
“Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”. El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.
Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada.
Recapacitando entonces, se dijo:
“Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros».
Se levantó y vino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.
Su hijo le dijo:
“Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.
Pero el padre dijo a sus criados:
“Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”.
Y empezaron a celebrar el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
Este le contestó:
“Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”.
Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo.
Entonces él respondió a su padre:
“Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”.
El padre le dijo:
“Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”».
Comentario:
“Acoge a los pecadores”
La Palabra de este cuarto domingo de Cuaresma, nos llama a VOLVER A DIOS, con todo el corazón, desde la certeza de su AMOR MISERICORDIOSO.
El texto evangélico comienza diciéndonos que se acercaban a Jesús, para escucharle, publicanos y pecadores, es decir “los malos”, mientras que los fariseos y escribas, “los buenos”, murmuraban de él.
En este contexto, Jesús les anuncia a unos y a otros una BUENA NOTICIA, explicándoles, a través de esta preciosa parábola, CÓMO ES DIOS.
Dios es un Padre bueno, que nos deja libres, para elegir el camino que queramos, permitiendo que nos equivoquemos, aunque le duelan nuestros pecados.
Dios nos ha creado para ser felices, para vivir en plenitud, por eso cuando nos alejamos de nuestro “HOGAR”, que es él, nos invade la desolación, nos habita el vacío y nos morimos por dentro.
Dios no se cansa de esperarnos, con paciencia infinita, y cuando nos ve de lejos, con que solo demos un pequeño paso para volver, sale corriendo a nuestro encuentro, nos abraza y nos cubre de besos.
Dios se llena de alegría con nuestro regreso y celebra una gran fiesta, devolviéndonos la dignidad de hijos e hijas, nos hace recuperar nuestro sentido de pertenencia a su FAMILIA. ¡No hay quien le gane en generosidad!
Dios sale a buscarnos, cuando andamos enfurruñados, y nos invita a participar en su BANQUETE, porque nos quiere a TODOS, y cuando sentimos envidia o celos, nos recuerda con cariño que todo lo suyo es nuestro.
Jesús es la mejor imagen de Dios: “acoge a los pecadores y come con ellos”.
¿Alguna vez has experimentado la misericordia de Dios?
¿Esta experiencia te lleva a ser misericordioso/a con tus hermanos y hermanas?
Isabel Guillén Sánchez
