23 May ECO: domingo 25 de mayo de 2025
Evangelio de Juan, 14,23-29:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.
El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.
Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.
La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. Si me amarais, os alegraríais de que me vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis”.
Comentario:
LA PAZ OS DEJO, MI PAZ OS DOY
El evangelio de este domingo nos propone dos palabras claves “amor” y “paz” palabras que desde mi reflexión las asocio con “generosidad” y “justicia”.
El amor llama a la acción, y qué es la acción sino la puesta en práctica de la palabra amorosa de Cristo en nosotros. Si escuchamos su voz, si abrimos nuestro corazón al don del amor podremos escuchar estas palabras “vendremos a él haremos y haremos morada en él”.
Siempre pienso en todas aquellas personas, de ayer y de hoy, que nos han dejado su experiencia de cambio total de vida cuando han descubierto el gran tesoro del amor de Dios en ellos. La alegría inmensa de saberse habitados por Dios, algo difícil de explicar, pero fácil de comprender cuando el corazón se ha abierto a la Palabra encarnada y al don del Espíritu que le “enseñará todo” y le hará reconocer, en los gestos sencillos, la presencia de Cristo en todo y en todos.
“La paz os dejo, mi paz os doy”; no es la paz que comprende nuestro mundo porque esta es la ausencia de tensiones sociales o políticas, de luchas entre hermanos o entre naciones, como estamos viviendo en este tiempo, no más rencillas, no más odio…. Es la paz del corazón dispuesto a responder a la Palabra que nos ha prometido estar con nosotros hasta el final del mundo.
Justicia, tantas veces nombrada y repetida en nuestro vocabulario, pero tantas veces violada en nuestro mundo, en nuestra sociedad y en nuestro corazón porque le falta lo esencial, el amor. El amor verdadero que me lleva a dar la vida, como Cristo, en una entrega generosa diaria, en las cosas pequeñas, en la sonrisa para quien está a mi lado, en los gestos sin ruidos ni campanas, pero salvadores para el hermano.
Y después de haber leído estas pocas palabras, preguntarme: ¿Cómo vivo yo la presencia de la Palabra en mi corazón?, ¿Cómo hago vida en mi el amor, la paz y la justicia?
María Ángeles Medraño
Misionera Claretiana
