21 Mar ECO: domingo 23 de marzo de 2025
Evangelio de Lucas 13, 1-9:
En aquel tiempo se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de los sacrificios que ofrecían.
Jesús respondió:
«Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos porque han padecido todo esto? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera».
Y les dijo esta parábola:
«Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró.
Dijo entonces al viñador:
“Ya ves, tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a perjudicar el terreno?”.
Pero el viñador respondió:
“Señor, déjala todavía este año y mientras tanto yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto en adelante. Si no, la puedes cortar”».
Comentario:
Siete años cuidándolo y no me da un limón.
Planté en mi patio hace 7 años un limonero, pero no he cosechado ninguno. En días anteriores tuve la intención de cortarlo de raíz, porque alguien me dijo: “córtalo ya no dará nada”. Pero me dio mucha pena hacerlo. Al escuchar a Jesús contar la parábola de la viña que no daba fruto y que pide al labrador cortarla…Siento que esta llamada que hace Jesús al labrador contrasta con la paciencia de Dios. Él vela siempre por la humanidad, su presencia es liberadora no condena a nadie a morir, a desaparecer, si no que da la oportunidad de transformar toda la realidad que está a su alrededor, pero es necesario arreglar determinadas situaciones, cambiar la mentalidad negativa por lo que da ilusión, esperanza, perdón, es acoger lo más urgente antes de que sea tarde. No podemos eludir el cambio cuando tenemos la oportunidad de hacerlo. Por eso hay que cuidar nuestras raíces, inclinarnos a la tierra que somos para mirar con cariño qué es lo que le falta para dar buenos frutos. Cuando encontramos las deficiencias es ahí donde descubrimos la novedad deslumbrante de lo que es la conversión, dejemos que sea el mismo Dios quien trabaje, abone, espere, pode, arranque y elimine porque Él coloca la mejor tierra y la sabia sube a nuestra vida.
Pidamos hoy a Dios que saque toda la tierra estéril, aquello que nos deja vacíos interiormente y dispongamos nuestra vida a la nueva siembra para continuar haciendo el bien y dando frutos que nutren a los demás. Dejaré mi limonero un año más, después les cuento que pasó.
Dios nos da una nueva oportunidad para que transformar nuestra tierra. ¿Qué abono necesita tu vida en estos momentos?
No olvidemos que estamos convocados a generar ambientes cálidos para reducir el estrés y la esterilidad de nuestra vida, para que sea una vida llena de esperanza en este año jubilar que nos llama a ser peregrinos de Esperanza.
María Consuelo Amaya Quintanilla
