18 Abr ECO: domingo 20 de abril de 2025
Evangelio de Juan 20, 1-9:
“El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo a quien quería Jesús, y les dijo: Se ha llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde lo han puesto.
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro, se adelantó y llegó primero al sepulcro; y asomándose, vio las vendas en el suelo, pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y en entró en el sepulcro. Vio las vendas en el suelo y el sudario con el que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura, que él había de resucitar de entre los muertos”.
Comentario:
Iniciamos la Pascua de la mano del Evangelio de Juan, que nos sitúa progresivamente en un tiempo nuevo. Acabamos de vivir situaciones desgarradoras: han matado cruelmente a un inocente, su entorno le ha abandonado, paralizados por el miedo se esconden, y la losa del sepulcro ha enterrado sus esperanzas.
Juan nos presenta a diferentes personajes en un nuevo contexto temporal. El primer día de la semana marca el inicio de un tiempo nuevo, y al amanecer, cuando la noche se desvanece, surge una nueva esperanza.
María Magdalena, cuando aún estaba oscuro y rota de dolor, sale de su casa. Pierde el miedo para estar cerca del amigo y ve vacío el lugar de la muerte; la losa ya no tapa el sepulcro. Ella es la primera que hace esta experiencia: el lugar de la muerte está vacío. Dentro del desconcierto y la incertidumbre, se va abriendo progresivamente la esperanza.
Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús quería, corren juntos para descubrir y ver lo que les ha sido anunciado. Ambos entran en el lugar de la muerte, cada uno a su ritmo, y tienen un acercamiento diferente a ese sepulcro vacío. Pedro necesita más tiempo para entender lo que ha sucedido; el otro discípulo hace su proceso más rápido: entró, vio y creyó. Se despierta la fe, su corazón y su vida conectan con la promesa de las Escrituras.
Cada uno de ellos ha hecho su propia experiencia, con procesos y ritmos diferentes, y se han encontrado con la VIDA. Se convierte en un encuentro, en una experiencia de Amor, que necesita ser vivida, comunicada y anunciada.
María Magdalena es el primer eslabón de transmisión de la fe en la resurrección. Se ha encontrado profundamente con el que da sentido a cualquier situación vital, a cualquier realidad histórica. Le urge comunicarla, y nos sigue invitando, en nuestro hoy, a hacer nuestro proceso de fe, a convertirnos en testigos del que ama la Vida y la lleva a su plenitud.
Sigamos siendo una comunidad que se siente urgida a ser testigos de la VIDA, que se abre paso en medio del dolor y la muerte. Los protagonistas de este texto nos interpelan e invitan a enraizar nuestra fe en ese encuentro con la VIDA, a fortalecer nuestro sentido fraterno, amando y acompañando cada realidad, siendo testigos de esperanza pues la VIDA, para aquellos que siguen sepultados por losas en lugares de muerte.
¿Tu encuentro con Cristo Resucitado? ¿Qué suscita en tu vida?
Margarita García
Misionera Claretiana
Aún queda la resurrección. María Ángeles Ruiz.
