31 Oct ECO: domingo 2 de noviembre de 2025
Evangelio de Juan 14, 1-6:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así; ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y a donde yo voy, ya sabéis el camino».
Tomás le dice:
—«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».
Jesús le responde:
—«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí».
Comentario:
“Cuando el adiós se vuelve esperanza”
Solo quien mira con los ojos de la fe entiende que el adiós no es ruptura, sino plenitud.
“No se turbe su corazón; crean en Dios y crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas… Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.” (Jn 14,1-6)
Este domingo coincide con el día de los Difuntos no es una jornada de sombra, sino un día de luz suave, esa que nace del amor que no muere. El texto de Juan nos coloca en la intimidad de la Última Cena: el Maestro se despide. Los discípulos sienten el peso del vacío que vendrá, la confusión ante la muerte. Jesús, sin embargo, no huye de la realidad del sufrimiento: la atraviesa con ternura y promesa.
Cuando dice “En la casa de mi Padre hay muchas moradas”, Jesús nos revela el rostro hospitalario de Dios. La “casa” es símbolo del abrazo eterno del Padre, un hogar sin fronteras donde cada vida tiene su lugar. En ella caben todos los nombres que amamos y que hoy recordamos con nostalgia y gratitud. Nadie está perdido, todos tienen un espacio en el corazón de Dios.
La afirmación “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” es una declaración de comunión: Jesús mismo es el puente entre el tiempo y la eternidad. En Él, la vida y la muerte se reconcilian. Quien camina con Cristo no avanza hacia la nada, sino hacia la plenitud del amor.
Por eso, al rezar por nuestros difuntos, no miramos hacia atrás con desesperanza, sino hacia adelante con confianza. Recordar a los que han partido no es abrir una herida, sino mantener encendida la llama de la promesa: “Yo voy a prepararles un lugar”.
Esa promesa es el núcleo de nuestra fe pascual. Los que amamos no se han ido a la nada, han regresado a casa. Y nosotros, mientras tanto, seguimos caminando por el mismo Camino, sostenidos por la misma Vida, buscando la misma Verdad que ya los ha abrazado para siempre.
Sandra Carolina Mancía
Canto: “Te espero en mis sueños” – I. G. Collantes music.
