31 Ene ECO: domingo 2 de febrero de 2025
Evangelio de Lucas 2, 22 – 40:
Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones».
Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.
Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel».
Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción —y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. Presentándose en aquel momento, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.
Comentario:
“Alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación”
Me gusta contemplar a María y José con Jesús, como una familia normal y sencilla, cumpliendo las tradiciones de su pueblo, presentando a su hijo primogénito a Dios. Preciosa costumbre que se ha transmitido de generación en generación, no solo en la cultura judía, también hoy en nuestra cultura vemos, en nuestras iglesias, a los papás llevando a sus pequeños, para ponerlos en manos del Señor y de la Virgen.
Jesús, como uno de tantos, pasa desapercibido ante la mayoría de sus paisanos, pero dos ancianos, Simeón y Ana, que aguardaban “el consuelo de Israel” y mantenían viva la llama de la fe y la esperanza, son capaces de reconocer en ese niño al Mesías esperado.
Me toca especialmente el corazón la manera de ser de Ana, a sus 84 años continúa sirviendo a Dios, noche y día, y al encontrarse con Jesús alaba a Dios y empieza a hablar del niño a todos. ¡No puede guardarse el gozo de haber encontrado al Señor!
Ella me recuerda a muchas de mis hermanas Claretianas, con las que he tenido y tengo la dicha de compartir mi vida, ancianas y enfermas, que mantienen sus lámparas encendidas y no dejan que se apague la llama del Amor, el que un día las eligió para ser suyas por entero.
Mis hermanas, como la profetisa Ana, me hablan con sus palabras y vidas entregadas de Jesús, me animan a ser constante en la oración y me enseñan que el Señor sostiene nuestra esperanza en medio de nuestras fragilidades y oscuridades.
Con ellas alabo al Señor que cada día sale a mi encuentro, en tantos “pequeños” y quiero seguir hablando de Él a todo el mundo, para que todos le conozcan y le amen, especialmente quiero anunciar su liberación mis hermanos y hermanas que sufren, a causa de las injusticias y de la violencia.
Canción: NUNC DIMITTIS DE SALOMÉ ARRICIBITA
¿Has conocido a alguna “Ana” a lo largo de tu vida, que con su testimonio y palabras te ha ayudando a crecer en la fe?
Dale gracias a Dios y pídele ayuda, para que tú también hables de Jesús a los que tienes cerca.
Isabel Guillén Sánchez
