14 Nov ECO: domingo 16 de noviembre de 2025
Evangelio de Lucas 21, 5-19:
En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo:
«Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida».
Ellos le preguntaron:
«Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?».
Él dijo:
«Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos.
Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico.
Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida».
Entonces les decía:
«Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes.
Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo.
Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio.
Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.
Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre.
Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».
Comentario:
Perseverancia en la Misión, en medio de la tribulación.
El texto bíblico de este domingo nos confronta con la fragilidad de nuestras seguridades. Ante la admiración por la belleza y solidez del templo, Jesús anuncia una verdad incómoda: todo lo que parece indestructible será derribado.
Esta profecía nos enseña que el cristiano y el misionero no deben buscar la certeza en estructuras terrenales, ni dejarse llevar por el pánico ante el caos social o natural.
Jesús nos recuerda que la vida de fe no es ajena a la crisis. La clave no es huir del desorden, si no comprender el sentido que Dios le da. El Señor transforma la persecución y el odio en una bendición: “Esto nos servirá de ocasión para dar testimonio”. La persecución no es un castigo, si no la plataforma que el Señor usa para manifestar su Gracia.
Nuestra fuerza no reside en nuestra elocuencia humana, pues el Señor promete: “Yo les daré palabras y sabiduría”. Invitación radical a confiar plenamente en que el Espíritu Santo nos asistirá cuando seamos llamados a dar razón de nuestra Fe.
Finalmente, Jesús nos ofrece una promesa de protección inquebrantable: “Ni un cabello de su cabeza perecerá”. Promesa que no nos exime del sufrimiento, si no que nos asegura que la tribulación no tendrá la última palabra. La misión vivida con fe radical se resume en el verso final: “Con su perseverancia ganarán su alma”. El fruto de la misión es la vida, asegurada a través de nuestra firmeza en Cristo, sin importar las dificultades.
¿Conoces a alguna persona que dé testimonio de Jesús en medio de las dificultades?
¿Dónde o en quién buscas las seguridades para tu vida?
Eusebia Ávila
