08 Nov ECO: domingo 10 de noviembre de 2024
Evangelio de Marcos 12, 38-44:
En aquel tiempo enseñaba Jesús a la multitud y les decía: «¡Cuidado con los letrados! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas con pretexto de largos rezos. Ésos recibirán una sentencia rigurosa».
Estando Jesús sentado al frente del cepillo del templo, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el cepillo más que nadie. Porque los demás han hecho de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».
Comentario:
Lo Verdadero o lo aparente
En las ventanas de las tiendas, lo que atrae nuestra atención es lo que brilla o impresiona; la calidad es lo de menos, lo importante es que sea algo bonito y «de marca», aunque sea algo de poco valor…
Es triste cuando esto sucede en el «mundo de las cosas”. Pero es mucho más triste cuando sucede en el «mundo de las personas». Cuando el vacío interior, los miedos, los problemas y la infravaloración se cubren y enmascaran con ropas, títulos y comportamientos sólo «para lucirse».
Jesús siempre se preocupa por las personas. No pone importancia en lo que hacen, cuántos títulos tienen o cómo se visten. Quiere dar a la gente felicidad hasta el fondo, no sólo superficialmente. En el fragmento del Evangelio de hoy, Jesús critica duramente lo que es fingido y poco sincero.
Cuando leo este texto, me pregunto: ¿cuántas veces me han engañado los bellos «envoltorios»? ¿Por qué me resulta más fácil acercarme a personas que parecen simpáticas, que sonríen incluso cuando sólo fingen? La experiencia me enseña que, a menudo, algo que al inicio es poco atractivo o una persona que a primera vista parece distante, distorsionada, con el tiempo resulta ser la más valiosa y cercana en la relación. Sin embargo, a menudo me dejo engañar por el «envoltorio».
También me hace pensar hasta qué punto me importa más la profundidad y el «contenido» de mi corazón y de mi humanidad, o sólo me importa lo que los demás ven y piensan.
¿Qué decir de la viuda pobre? Quizá no fue tan fácil para ella acercarse al cepillo del templo. Para llegar a él tenía que pasar delante de gente bien vestida, rica y culta; sentiría que no era atractiva, ni tenía mucho que dar; incluso se avergonzaba de ello. Pero estos sentimientos humanos no le impidieron confiar en Dios y ofrecerle lo que era y lo que tenía.
La humildad para aceptar la verdad sobre uno mismo es una virtud muy difícil…
Monika Juszka
RMI
