ECO: domingo 1 de junio de 2025

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ECO: domingo 1 de junio de 2025

Evangelio de Lucas 24,50-53:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. 

Vosotros sois testigos de esto. Mirad, yo voy a enviar sobre vosotros la promesa de mi Padre; vosotros, por vuestra parte quedaos en la ciudad hasta que os revistáis de la fuerza que viene de lo alto.” 

Y los sacó hasta cerca de Betania y, levantando sus manos, los bendijo. Y mientras los bendecías, se separó de ellos, y fue llevado hacia el cielo. 

Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios. 

 

Comentario:

Regresaron a Jerusalén Con Gran Alegría

En nuestra vida, muchas veces tenemos que enfrentarnos a momentos contradictorios: la alegría del encuentro y la tristeza de la separación. Cuando Jesús se despide de sus discípulos, nos podemos preguntar: ¿Por qué no estaban afligidos por la ausencia física de Jesús, sino que su alegría era la revelación de una verdad espiritual muy profunda? Los discípulos estaban confundidos y tristes por la muerte de Jesús. Cuando Él resucitó y les enseñó durante 40 días (Cf. Hechos 1,3), finalmente comprendieron cual era la misión del Maestro. Su gozo provenía de darse cuenta de que Él no los dejaba huérfanos (Cf. Juan 14,18), sino que les enviaría el Espíritu Santo, quien los acompañaría en su viaje.

Jesús acababa de encomendarles ser sus testigos, su alegría, pues, era el comienzo de sentir que Él les confiaba ser continuadores de la obra de Dios, fortalecidos por el Espíritu Santo. En comparación con su miedo anterior, ahora eran audaces, ansiosos por orar y esperar Pentecostés. 

Lucas señala que lo adoraron antes de regresar a Jerusalén. Su gozo fluía de reconocer a su divinidad, algo con lo que habían luchado antes. 

A veces, incluso en las despedidas, Dios siembra alegría.  Los discípulos nos enseñan a confiar en las promesas de Dios, aunque sea imposible a nuestros ojos, nada es imposible para Él, porque va más allá de las circunstancias visibles.  En este texto evangélico también podemos ver que la obediencia trae alegría. Como Religiosa, la obediencia es para mí algo difícil. Tengo que dejar de lado mis planes personales y rendirme a su voluntad. Pero como los discípulos que no se quedaron en el monte; sino que obedecieron el mandato de Jesús de regresar a Jerusalén. Y yo también tengo que salir de mi misma, y dejar todo en sus manos.  

Al contemplar la alegría de los discípulos al regresar a Jerusalén me pregunto: ¿qué heridas o tristezas en mi vida necesitan ser transformadas por la alegría de la Resurrección de Jesús? ¿Realmente creo que la resurrección de Cristo es una victoria no solo para Él, sino para mí y para el mundo entero?  

“Hoy nuestro Señor Jesucristo ascendió al cielo; que nuestros corazones asciendan con Él”, (Cf. San Agustín).

Hilde Gardis Ghele, rmi