30 Ene ECO: domingo 1 de febrero de 2026
Evangelio de Mateo 5, 1-12:
«Al ver la multitud, subió al monte. Se sentó y se le acercaron los discípulos. Tomó la palabra y los instruyó en estos términos:
Dichosos los pobres de corazón,
porque el reinado de Dios les pertenece.
Dichosos los afligidos,
porque serán consolados
Dichosos los desposeídos,
porque heredaran la tierra
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,
porque serán saciados.
Dichosos los misericordiosos,
porque serán tratados con misericordia.
Dichosos los limpios de corazón,
porque verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz,
porque se llamarán hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa del bien,
porque el reinado de Dios les pertenece.
Dichosos vosotros cuando os injurien, os persigan y os calumnien de todo por mi causa. Estad alegres y contentos pues vuestra paga en el cielo es abundante. De igual modo persiguieron a los profetas que os precedieron.»
Comentario:
“FELICES, DICHOSOS, BIENAVENTURADOS los que creen, los que esperan, los que aman”.
Las bienaventuranzas no están solo en Mateo y Lucas, están esparcidas como “semillas” de filiación, por todo el Nuevo Testamento. Con ellas se nos invita a ser y vivir “filialmente felices”, con la confianza y seguridad de que el amor incondicional de Dios, nuestro PADRE, siempre nos acompaña.
Dada nuestra realidad humana “encerrada” en el espacio, el tiempo, la vulnerabilidad, la limitación, el pecado… ser y vivir la filiación no siempre es fácil. Necesitamos mucha fe para sentirnos “felices” con algo, ante lo que “nuestra carne”, se resiste, rechina… PERO Jesús, con su libertad, su felicidad, su plenitud; con su exuberante vitalidad filial y fraterna universalidad, no solo nos invita, sino que nos da testimonio de un nuevo estilo de vida, y lo hace, precisamente, desde la pequeñez y la vulnerabilidad…
Creer en esa felicidad es activar en nosotros nuevos criterios de juicio, nueva escala de valores… La fe y la seguridad en la Palabra nos darán la fuerza para caminar, para “ejercitar” esas Bienaventuranzas que nos harán felices.
¡Dejemos que Dios desarrolle en nosotros su “estilo de vida filial”! Solo “viviéndonos hijos” seremos FELICES porque el Padre ES toda nuestra riqueza, nuestra herencia, nuestro consuelo… El Padre es nuestra verdad, nuestra transparencia, nuestra seguridad, nuestra alegría y nuestra paz…
Aferrándonos a Jesús, a la Palabra oída, escucha, guardada, rumiada… podremos acoger la felicidad de las Bienaventuranzas… que se resumen en un CORAZÓN POBRE que se libera de la fascinación engañosa de la “grandeza”, del poder y de la fuerza; nos libera de los deseos que oscurecen el sentido de la vida, nos encierra en nosotros mismos y llena de miedos. Un corazón pobre se “vacía”, se “abre” y acoge… Dios es esencialmente pobre: es todo “DON”…
El Padre, por medio del Espíritu, va haciendo crecer nuestro “ser” hijos… y nos posibilita ver, en los otros, hermanos...
La clave de la felicidad está en CREERNOS realmente hijos y vivir como tales.
Soledad Galerón
Misionera Claretiana
