Testimonio Solidario desde Vélez Rubio

15-04-2026_velezrubio

Testimonio Solidario desde Vélez Rubio

Experiencia Solidaria en Vélez Rubio 

En principio no tenía intención de ir a la experiencia de voluntariado en Vélez-Rubio, pero menos mal que mis compañeros insistieron. Creo que la mejor forma de definir esos cuatro días es con la síntesis de la fe que hace Cristo “[…] «“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”»” (Mateo 22:37-39). Si la fe se reduce, en esencia, a eso, entonces el voluntariado fue una gran experiencia de fe: el amor a Dios con la participación constante en la liturgia, y más aun siendo Semana Santa, la semana más importante para los cristianos; y el amor al prójimo, con la ayuda que tuvimos la oportunidad de ofrecer a dos de los sectores más abandonados de la sociedad, como son los ancianos y los discapacitados. 

Así, el primer pilar, la proximidad a Dios, pudimos vivirla muy intensamente. Procesiones, recreaciones, oficios, eucaristía, oración personal y oración comunitaria… Pareciera que todo el pueblo, las hermanas y mis compañeros se hubieran puesto de acuerdo para darme el mejor momento posible para sentirme cerca de Cristo en esos días tan importantes, y eso es algo simplemente impagable en un mundo tan abstraído, tan alejado de lo que de verdad importa y tan necesitado de un sentido y un propósito que sólo Él puede darnos. 

Pero, por supuesto, de poco sirve eso si no tienes una manera de exteriorizar ese amor tan profundo, y por eso resultó tan precioso compartir tiempo con los ancianos de las dos residencias del pueblo, tan entusiasmados de ver las procesiones y tan contentos por conocernos. Pero, sobre todo, y aunque al principio dudé mucho, tengo que dar gracias por poder ayudar en APAFA, la asociación para cuidar de personas con discapacidad, y más aún tengo que estar agradecido por haber conocido al grupo de gravemente afectados, aquéllos que son más rechazados por la sociedad, pero que sin duda tienen un corazón inmenso, y de quienes he aprendido a valorar la vida sencilla, la amistad honesta y desinteresada y el compromiso constante de sus cuidadores, cuyo trabajo no se ve pero que vale más que el de la inmensa mayoría de las personas que conozco. Admiración es quizá la primera palabra que se me viene a la mente.  

Si tuviera la oportunidad de volver en algún momento, no lo dudaría, porque en esos cuatro días he crecido más como persona que en muchos meses juntos, y eso es algo que no se consigue en todos los sitios, sino en aquellos lugares que de verdad marcan y dejan una huella en tu corazón.  

Rodrigo Blanco