Pobreza y esperanza

10-11-25-JMPOBRES

Pobreza y esperanza

“TÚ SEÑOR, ERES MI ESPERANZA” (Salmo 71,5)

Llevo grabada en el corazón la imagen de una pobre mujer pidiendo limosna en una calle de La Habana que, al ver a otro más pobre que ella, compartió lo poco que había conseguido. En ese gesto comprendí lo que sentiría Jesús al contemplar a la viuda del templo echando lo poco que tenía para vivir.

Realmente los pobres nos enseñar a vivir con esperanza, poniendo nuestra confianza en Dios. Dice el Papa León XIV en su mensaje para la IX Jornada Mundial de los Pobres, que celebraremos este domingo 16 de noviembre: “El pobre puede convertirse en testigo de una esperanza fuerte y fiable, precisamente porque la profesa en una condición de vida precaria, marcada por privaciones, fragilidad y marginación. No confía en las seguridades del poder o del tener; al contrario, las sufre y con frecuencia es víctima de ellas. Su esperanza sólo puede reposar en otro lugar. Reconociendo que Dios es nuestra primera y única esperanza, nosotros también realizamos el paso de las esperanzas efímeras a la esperanza duradera. Frente al deseo de tener a Dios como compañero de camino, las riquezas se relativizan, porque se descubre el verdadero tesoro del que realmente tenemos necesidad”.

Cuando he tenido la dicha de compartir mi vida con los pobres, ellos han fortalecido mi fe, porque Dios es su Fuerza en el duro camino de la vida. Las personas que acuden a Cáritas no solo necesitan ayuda material, necesitan que se les valore como personas y que se les brinde cariño.

“La peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual” (Cf. Papa Francisco). Los bienes materiales son necesarios para vivir con dignidad, pero no depende de ellos nuestra felicidad. “La esperanza cristiana es como un ancla que fija nuestro corazón en la promesa del Señor Jesús, quien nos ha salvado con su muerte y resurrección y que volverá de nuevo en medio de nosotros”. (Cf. Papa León XIV)

No podemos permanecer indiferentes ante tantas injusticias que sufren los que menos tienen. Jesús cuenta con nosotros y nosotras para seguir haciendo presente su Proyecto de Amor. Nuestro mundo necesita hombres y mujeres que se comprometan a favor de los más pobres.

San Antonio María Claret se preocupó de que los pobres tuvieran no lo solo lo material, sino también de brindarles su cariño: “Con la ayuda del Señor cuidé de los pobres. Todos los lunes del año, durante el tiempo de mi permanencia en aquella Isla (Cuba), reunía a todos los pobres de la población en que me hallaba, y como a veces son más pobres de alma que de cuerpo, le daba a cada uno una peseta, pero antes yo mismo les enseñaba la doctrina cristiana. Siempre, y después de enseñado el Catecismo, les hacía una plática y les exhortaba a recibir los Santos Sacramentos de la Penitencia y Comunión y muchísimos se confesaban conmigo, porque conocían el grande amor que les tenía, y a la verdad, el Señor me ha dado un amor entrañable a los pobres”. (Aut. 562)

Testimonio de Isabel Guillén Sánchez
Misionera Claretiana