La GRACIA de contemplar

2_CUARESMA 26_TRANSFIGURACIÓN

La GRACIA de contemplar

Los caminos que recorremos para llegar a nuestra casa, a la escuela, al trabajo, no siempre son caminos llanos. Algunos son áridos, tienen cuestas. Esta semana, Jesús y algunos de sus discípulos dejan el terreno llano y suben a la montaña. El texto de La transfiguración en este tiempo cuaresmal no es una invitación a romper con la realidad, sino un modo nuevo de adentrarse en ella, para que nada quede sin ser vivido en profundidad, incluso el posible fracaso vital de la cruz.

Vivir desde lo alto no supone quedarse en espacios propios protegidos, al margen de la realidad de nuestro mundo, sin saber vivir con los pies en la tierra y la cabeza en el cielo. Demos gracias a Dios porque nos regala su GRACIA para que contemplemos la realidad tal y como es, sin acomodarnos para hacer tres tiendas porque se está muy bien aquí.

La transfiguración nos sitúa en el camino hacia la cruz. Subir la montaña nos ayuda a contemplar la luz final, sin embargo, no permite estancamiento, es tan solo hacer un alto en el camino, salir de nuestras seguridades; vislumbrar el horizonte que nos aguarda no nos evita andar el camino, realizar los procesos, no nos ahorra los sufrimientos que supone atravesar el ciclo muerte-vida, sin embargo es un lugar de encuentro donde contemplamos el misterio que nos fascina, nos deslumbra; necesitamos ascenderla para adentrarnos a la soledad del corazón, pero sin olvidar que la montaña tiene doble dirección, subimos para bajar. Nos adentramos en el misterio numinoso de la Presencia para salir fortalecidos y al bajar seguir caminando junto a Jesús. 

La transfiguración nos ayuda a contemplar la gloria final de Cristo porque la muerte no tiene la última palabra. Él es la Luz de la vida, más allá del sufrimiento y oscuridad.