20 Jun Día Mundial de los Refugiados 2025
“Los conduce el compasivo y los guiará a manantiales de agua… El Señor consuela a su pueblo y se compadece de los desamparados… Yo no te olvidaré” (cfr. Isaías 49, 8 – 15)
Estas palabras de Isaías siguen resonando en medio de los 500 campos de refugiados que hay en nuestro mundo. Aquí nuestros hermanos y hermanas esperan años a ser reconocidos. El único que no los olvida es DIOS, YAHVÉ, ALÁ, VIHNÚ… nuestro ABBA.
Según la Agencia de la ONU para los Refugiados a finales de junio del 2024, hay 122,6 millones de personas en el mundo forzadas a abandonar su hogar. De esa cifra, cerca de 43,7 millones eran personas refugiadas. Además, hay 4,4 millones de personas apátridas, es decir, personas a quienes se les niega el derecho a tener una nacionalidad y el acceso a derechos fundamentales, como la educación, la atención médica, el empleo y la libertad de circulación.
Esta realidad, tremendamente injusta, me conmueve el alma, pues detrás de estas cifras hay seres humanos, personas como tú y como yo; parte de nuestra familia humana cuyas vidas están conectadas con nuestras vidas.
El artículo 13 de los Derechos Humanos dice que “toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso el propio, y a regresar a su país” Y en el siguiente artículo, el número 14, dice: “En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país”.
¿Si estos derechos han sido aceptados por nuestros países “civilizados”, cómo es posible que no se estén respectando?
Me preocupa la actitud de rechazo, que se está creando, hacia estos hermanos y hermanas nuestras, fomentada por ideologías extremistas y por algunos medios de comunicación, extendiendo la falsa imagen de que los extranjeros nos están trayendo la violencia, los robos, las violaciones… Estos bulos hacen crecer la polarización, la injusticia y el racismo.
Creo sinceramente que quienes son capaces de arriesgar sus vidas, buscando un futuro mejor y pensado en el bien de sus hijos, son personas muy valientes, generosas y dignas de admiración. Traen a sus espaldas una mochila muy pesada de rupturas, inseguridades, desarraigos, miedos…, y al mismo tiempo vienen cargados de fortaleza y valores, que son una gran riqueza para nuestros pueblos.
Admiro en ellos su profunda fe. Cuando he tenido la oportunidad de escuchar algunas de sus historias, me ha impactado su gran confianza en Dios. ¡Sus vidas son un auténtico milagro! A lo largo de su duro camino se sienten protegidas y acompañadas por “Alguien”, que no les abandona y les mantiene vivos.
Os comparto esta preciosa oración de Benjamín González Buelta, sj.
Si yo fuera limpio de corazón descubriría…
Que todos somos obra de Dios, llevamos algo de bueno en el corazón.
Que todos valemos la pena, y nos queda algo de la imagen de Dios.
Que a todos hay que darles otra oportunidad.
Que todos somos dignos de amor, justicia, libertad, perdón.
Que todos somos dignos de compasión, respeto y de muchos derechos.
Que todas las criaturas son mis hermanas.
Que la creación es obra maravillosa de Dios.
Que no hay razón para levantar barreras, cerrar fronteras.
Que no hay razón para ninguna clase de discriminación.
Que no hay razón para el fanatismo y para no dialogar con alguien.
Que no hay razón para maldecir, juzgar y condenar a nadie.
Que no hay razón para matar, ni para el racismo.
Que todos los ancianos tienen un caudal de sabiduría, y los jóvenes, de ideales.
Que los adolescentes tienen un caudal de planes, y los niños, de amor.
Que las mujeres tienen un caudal de fortaleza, y los enfermos, de paciencia.
Que los pobres tienen un caudal de riqueza,
y los discapacitados, de capacidades.
Que hay razón para tender puentes, dar a toda la paz, trabajar por la paz,
amar y defender la creación.
Que hay razón para ser hermanos y seguir siendo amigos.
Que hay razón para sonreír a todos.
Que hay razón para dar a todos los buenos días, dar a todos las manos,
intentar de nuevo hacerlo todo mejor.
Que hay razón para seguir viviendo, para vivir en comunidad.
Que hay razón para prestar un oído a lo que dicen los demás.
Que hay razón para servir, amar, sufrir.
Que hay razón para muchas cosas más.
Isabel Guillén Sánchez
Rmi Claretiana
