08 Mar ¿Cristiana y feminista?
“Sí, cristiana y feminista”… esta es la pregunta que me han hecho en múltiples ocasiones y esta es siempre mi respuesta. Con motivo del 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, reflexiono sobre este tema, como cristiana practicante y feminista. La pregunta con la que la que encabezo esta reflexión se me ha hecho tanto por personas cristianas como por personas ateas. Y es curioso que parezca incompatible algo que por su propio espíritu no sólo es compatible, sino que si seguimos el ejemplo de Jesús indudablemente va unido.
Jesús eligió a una mujer para venir a este mundo, para hacerse uno más entre nosotros, en su divinidad podía haberlo hecho de cualquier otra forma, pero quiso que fuese María, una mujer sencilla, la que trajese al mundo a nuestro Salvador. Ella fue la principal mujer en la vida de Jesús, pero fueron muchas las mujeres que siguieron a Jesús, Marta y María de Betania (Marta fue la primera persona que reconoció a Jesús como el Mesías), María Magdalena y la otra María (las primeras que vieron a Jesús Resucitado), Juana, Susana, las mujeres que estuvieron al pie de la Cruz exponiéndose al peligro que suponía ser seguidoras de Jesús en ese momento.
Las mujeres sustentamos la Iglesia, somos las que siempre estamos al servicio de los demás, como catequistas, lectoras, voluntarias de Cáritas, etc…Somos el pilar fundamental de apoyo a los sacerdotes, especialmente en las parroquias rurales, donde sin nuestra ayuda les sería muy difícil llevar varias parroquias como tienen que llevar en la mayoría de los casos. Trabajamos juntos para evangelizar con nuestro trabajo y también con nuestro ejemplo, siempre disponibles, a pesar de nuestros trabajos, nuestras familias, nuestras múltiples ocupaciones, siempre sacamos tiempo para dedicarlo al servicio de los demás en la Iglesia. Porque a las mujeres del Siglo XXI la sociedad nos exige que seamos “súper mujeres”, buenas madres, buenas esposas, buenas hijas, buenas trabajadoras…pero eso sí, hay sectores que consideran que debemos ser eso y mucho más pero nunca en plano de igualdad con el hombre. Por desgracia, que las feministas luchemos por la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres, “igualdad” nunca superioridad, hay personas cristianas, hombres y mujeres, que consideran que esta lucha por la igualdad no es compatible con ser buena cristiana. Y yo me pregunto ¿por qué? si Jesús se rodeó de mujeres en aquella época donde la mujer se consideraba inferior al hombre ¿por qué las mujeres no podemos reivindicar nuestros derechos que no sólo legalmente sino también moralmente nos corresponden?
El feminismo lucha por la igualdad real y efectiva de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres, y en esta lucha no estamos sólo mujeres, afortunadamente son muchos los hombres que luchan a nuestro lado por esta causa, porque son conscientes que para que una sociedad sea justa e igualitaria hombres y mujeres debemos tener los mismos derechos y oportunidades. En realidad, si entendemos el feminismo tal y como es, desde esta perspectiva, creo que la inmensa mayoría de nosotros diríamos que somos feministas. Por ello, me duele especialmente cuando dentro de nuestra Iglesia escucho, desde distintas posiciones, que le feminismo perjudica los valores del cristianismo, nada más lejos de la realidad, el feminismo, (y no voy a decir el verdadero, porque no hay más feminismo que este, lo demás no es feminismo) únicamente pretende que hombres y mujeres podamos convivir en igualdad, teniendo las mismas oportunidades de acceso al trabajo, a puestos de responsabilidad, a ser corresponsables en nuestras familias compartiendo la ardua tarea que suponen los cuidados en la acepción más amplia de la palabra, a que se nos reconozcan nuestros logros de la misma manera que a los hombres… Es cierto que hemos avanzado mucho en España a nivel legal pero todavía nos queda mucho camino por recorrer, dar un paso atrás es muy fácil pero recuperar lo que se pierde es muy difícil, no dejemos que nos enfrenten con la falsa creencia que no es posible ser cristiano o cristiana y feminista, no sólo es posible sino que es necesario.
Y para terminar esta pequeña y humilde reflexión quiero recordar las palabras de nuestro Papa Francisco con las que nos invita a orar para que “la dignidad y la riqueza de las mujeres sean reconocidas en todas las culturas, y para que cese la discriminación que sufren en diversas partes del mundo”.
Mª Mercedes Romero Simón
