05 Sep BITÁCORA: septiembre de 2025
Retomando las rutas después de semanas de verano, con los recuerdos que tenemos fresco y para compartir.
Todas hemos vivido con ilusión y alegría las noticias de los jóvenes acompañados por hermanas que participaron en el jubileo de la juventud en Roma. Aunque lo dijo a estos jóvenes, nos permitimos copiar aquí un trozo de la homilía del Papa León XIV porque tiene una actualidad más allá de las edades, sin desperdicio: “La lectura del Libro de Qohélet, nos invita a tomar contacto, con la experiencia de nuestros límites, de la finitud de las cosas que pasan; el Salmo responsorial, nos propone la imagen de «la hierba que brota de mañana: por la mañana brota y florece, y por la tarde se seca y se marchita» (Sal 90,5-6). Son dos referencias fuertes, quizá un poco impactantes, pero que no deben asustarnos, como si fueran argumentos “tabú”, que se deben evitar. La fragilidad de la que hablan, en efecto, forma parte de la maravilla que somos. Pensemos en el símbolo de la hierba: ¿no es hermosísimo un prado florecido? Ciertamente, es delicado, hecho con tallos delgados, vulnerables, propensos a secarse, doblarse, quebrarse; pero, al mismo tiempo, son reemplazados rápidamente por otros que florecen después de ellos; y los primeros se vuelven generosamente para estos alimento y abono, al consumirse en el terreno. Así vive el campo, renovándose continuamente, e incluso durante los meses fríos del invierno, cuando todo parece callar, su energía vibra bajo tierra y se prepara para explotar en miles de colores durante la primavera. También nosotros, queridos amigos, somos así; hemos sido hechos para esto. No para una vida donde todo es firme y seguro, sino para una existencia que se regenera constantemente en el don, en el amor.”
En la celebración del 27 de agosto las comunidades de Madrid han podido reunirse para un momento de oración y ágape entre hermanas… Mientras nos llegaban las noticias de Reus donde estaba terminando la experiencia de Evocando.
Nos ha resonado en estas semanas de verano el deseo de reunirnos más veces en medio de nuestros límites de movilidad …, ha resonado el deseo de encuentros que puedan vivenciar también nuestro ser familia con espíritu, que se nutre de la comunión fraterna y espacios compartidos.
Para todas y todos, buen inicio de curso, a lo largo del mismo se nos presenta la oportunidad de dar gracias a Dios por todo lo que Él nos regala. Iniciémoslo poniendo nuestra confianza en Dios, haciendo nuestras las palabras de la Madre Fundadora: “Cuanto más nos internábamos en aquel mar inmenso de aguas, más se internaba mi espíritu en el mar inmenso de Dios.” (Cf. Aut. MF, 159)
