03 Abr ECO: domingo 5 de abril.
Juan 20, 1-9.
El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.
El Sepulcro-La Piedra
El domingo de Pascua en algunos lugares se mantiene la tradición de regalar los llamados “Huevos de Pascua”. ¿Qué nos quiere recordar este huevo? ¿Cuál es la analogía con el sepulcro vacío de Cristo después de su Resurrección?
El huevo es signo de una vida nueva. Dentro de ese pequeño huevo ya existe la vida de un pollito, cuando este rompe el cascarón sale a la vida. La salida de Jesús Cristo del sepulcro es semejante. Cuando lo bajaron de la cruz lo colocaron en el sepulcro, pero la fuerza del Resucitado rompe las ataduras de la muerte y le da una vida nueva.
Jesús ha resucitado y nos promete la resurrección; este domingo de Resurrección lo celebramos con alegría porque también nosotros podemos salir de nuestros sepulcros y decir
¡CRISTO HA RESUCITADO, ALELUYA!
Hay muchos tipos de sepulcros y muchas maneras de resucitar. Cada uno puede salir de su propio “sepulcro”, esforzándose por ser mejor y vivir de una manera nueva.
En el Evangelio escuchamos: ‘’La piedra fue removida del sepulcro’’. Por el poder de Dios, el sepulcro de Cristo fue abierto. Y por ese mismo poder, también las piedras que pesan sobre nuestra vida pueden ser removidas.
Cada uno puede preguntarse: ¿Qué piedra me está sepultando?: la piedra del exceso de bienes materiales o de placer, la piedra de la indiferencia y la falta de amor, que nos impide preocuparnos por los demás, la piedra del poder, cuando el deseo de dominar o controlar lleva a los pueblos a conflictos, como las guerras comerciales o las disputas territoriales.
Estas “piedras” nacen muchas veces del egoísmo, de la ambición o de la falta de diálogo, la impureza, la falta de rectitud, la pereza, el rencor o la envidia. Jesús nos invita a remover nuestras piedras para vivir una vida sin ataduras, para vivir la Pascua.
La razón principal de nuestra alegría es que Jesús ha resucitado y nos ha prometido la resurrección. Pero también hay una alegría especial: ‘’cada vez que cambiamos y salimos del pecado, vivimos una pequeña “resurrección” en nuestra vida.’’
Thai Thi Phuc
