ECO: domingo 10 de mayo

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ECO: domingo 10 de mayo

Juan 14:15-21  

Jesús dijo: —Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que les mande otro Defensor, el Espíritu de la verdad, para que esté siempre con ustedes. Los que son del mundo no lo pueden recibir, porque no lo ven ni lo conocen; pero ustedes lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes. 

 No los voy a dejar huérfanos; volveré para estar con ustedes.  Dentro de poco, los que son del mundo ya no me verán; pero ustedes me verán, y vivirán porque yo vivo.  En aquel día, ustedes se darán cuenta de que yo estoy en mi Padre, y ustedes están en mí, y yo en ustedes.  El que recibe mis mandamientos y los obedece, demuestra que de veras me ama. Y mi Padre amará al que me ama, y yo también lo amaré y me mostraré a él. 

 

 

Habitados por el Amor que vence la ausencia 

En el clima luminoso de la Pascua, este Evangelio no se limita a consolar, sino que desvela un misterio que transforma la existencia: la ausencia de Jesús no es pérdida, es plenitud nueva. El Resucitado no se queda fuera de la historia ni de nuestro dolor; entra en lo más hondo del ser humano para habitarlo desde dentro. “No los dejaré huérfanos” no es solo una frase tierna, es una declaración ontológica: en Cristo, la orfandad radical del corazón humano ha sido vencida. 

Amar a Jesús, en el lenguaje de este texto, no es emoción pasajera ni fervor momentáneo; es una configuración de vida. Guardar sus mandamientos es dejar que su misma lógica —la del amor entregado hasta la cruz y confirmado en la resurrección— modele nuestras decisiones, nuestras relaciones, nuestra manera de existir. Aquí la obediencia no esclaviza, sino que revela la verdad más profunda del ser: fuimos creados para amar como Él ama. 

El don del Paráclito introduce una novedad inaudita: Dios ya no se percibe únicamente como alguien que guía desde fuera, sino como Aquel que sostiene desde dentro. El Espíritu no sustituye a Jesús; lo hace presente de un modo más íntimo, más real. Por eso, “ustedes me verán” no habla de visión sensible, sino de una experiencia espiritual que discierne la presencia del Resucitado en lo invisible, en lo cotidiano, en lo frágil. 

“Yo en ustedes y ustedes en mí” expresa la comunión trinitaria ofrecida al creyente: no solo seguimos a Cristo, somos incorporados a Él. La Pascua, entonces, no es recuerdo, es participación. 

Hoy, creer es dejar de vivir como huérfanos… y comenzar a vivir como morada. 

  • ¿En qué áreas de mi vida sigo viviendo como huérfano, sin reconocer la presencia viva de Dios en mí? 
  • ¿Cómo puedo hoy concretar mi amor a Jesús en decisiones reales que reflejen su modo de amar? 

Sandra Mancía