Dios encarnado…

Dios encarnado…

Decía Thomas Merton, unos de los grandes místicos del s. XX, que nuestra tarea primordial es ser plenamente humanos… Y aunque parezca evidente, en ocasiones, no lo es tanto… 

Solo quién es capaz de acoger su propia humanidad, su fragilidad e inconsistencia puede comprender y acoger la del otro y desde ahí, abrirse a la acción de Dios en su vida y en la de los demás… Así, ese Dios compasivo, paciente y misericordioso que actúa desde nuestra vulnerabilidad e incoherencia, puede hacernos cada día un poco más humanos… Porque sólo un Dios que se ha hecho hombre, puede dar sentido, desde lo más hondo de nuestro ser, a nuestra naturaleza… Porque quizá no estemos llamados a alcanzar metas inalcanzables, a ir más allá de nuestros límites, a llegar a dónde no podemos ni sabemos cómo hacerlo… Quizá «solamente» estemos llamados a ser humanos, plenamente humanos, amando nuestro propio barro y dejándonos modelar por Él… 

Que este tiempo de Adviento que hoy comenzamos sea un tiempo de preparación para acoger en nosotros a ese Dios encarnado, para dejarnos hacer por Él, desde lo más auténtico y humano de nosotros mismos…

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